Tendeñera

Blog de excursiones

viernes, septiembre 14, 2007

Hushé, la otra cara del Karakorum






























Bueno amigos, iniciamos la serie de pequeños reportajes sobre mi estancia en esa población de la cordillera del Karakorum. Quizás como montañeros, solo vemos las montañas a las que pensamos acceder y nos olvidamos de las personas que las habitan o sólo nos preocupan cuando las necesitamos como porteadores en nuestros treking o como simple recuerdo exótico en nuestras fotografias. Cambiar el chip y mentalizarnos de que deben ser los primeros en estar protegidos y así estaran protegidos tambien los árboles, ríos y montañas que admiramos.




Recordar la situación de Pakistán, musulmán, escindido de la India, budista, en zona altamente conflictiva, fronterizo con Afganistán, China e India. La cordillera del Karakorum se extiende por su zona norte en la región conocida como Baltistán.




Para acceder a ella, debemos tomar la famosa carretera del Karakorum que conecta Islamabad, en Pakistán, con Kashgar en China. Ésta si que es la primera aventura del treking. El paisaje se desmorona literalmente sobre la estrecha carretera compartida por los coloristas camiones, autobuses de pasajeros, furgonetas y jeeps de expediciones, motos, animales y personas varias. Con la más pura flema británica y un gran toque mediterráneo a la italiana, nos trasladamos desde Islamabad a Bungui para aquí abandonar la Karakorum y encaminarnos hacia Skardú.











Reponemos fuerzas en Beshan, primer contacto con la comida pakistana a la española: patatas fritas, huevos y pollo frito. Por fin caemos muertos en un bonito hotel de la ciudad de Chilas con un curioso sistema de refrigeración a base de mover la humedad creada por una corriente de agua y poderosos ventiladores en las paredes de las habitaciones y techo porque aquí siempre hace calor.










El viaje empieza a pesar. Zaragoza- Madrid en furgoneta, Madrid -Londres en avión. Londres- Islamabad; más avión, trámites, inquietud por terrorismo. Los veteranos dormitan con alguna ayuda farmacológica. Los novatos intentamos verlo y acapararlo todo, pero la carretera pone los pelos de punta.








El paisaje se sucede, arena gris en todo el cañón del Indo. Pequeñas terrazas cultivadas que tiñen de verde intenso y dan vida a pueblos primero situados en el borde de la carretera, algunos sobreponiendose al terremoto del 2005 y otros encaramandose por las laderas.













Y el Gran Indo en el fondo del cañón con sus aguas revueltas, grises por la gran cantidad de arena en suspensión que lleva.
Continuará.....