Sebas Alvaro en Espelunciecha
LA VOZ DE ESPELUNCIECHA Lo primero que quiero decir en este lugar a todos es: gracias. Gracias a todos los que por idealismo y amor a las montañas lleváis soportando insultos, incomprensiones, que uno no creía ya posibles, siendo avasallados por los poderosos, por los de siempre, los que tienen el poder y el dinero.
A nosotros, también como siempre, sólo nos queda la palabra.
Uno, en su ingenuidad, pensaba que la democra
Lo más terrible es el silencio. La naturaleza necesita una voz que la defienda, y ahora más que nunca, cuando quienes tienen la obligación de defenderla se han convertido en sus mayores depredadoras. Vosotros, amigos, sois esa voz. La voz que nunca acallaran.
Hace más de un siglo Jhon Muir, uno de los padres del conservacionismo, puso de relieve la necesidad que tenemos de conservar los parajes naturales para que todos podamos admirarlos, para enriquecernos con su contemplación estética y moral. Por eso resulta tan desolador comprobar que esta agresión venga de un sistema que se considera democrático y justo e, incluso, de partidos que se consideran progresistas. ¿Este destrozo puede considerarse progreso?
La civilización y el progreso es justo todo lo contrario: contención y conservación.
Quizás a lo peor es que ya nadie es lo que dice ser. O quizás, Marbella, Seseña, Mallorca y Espelunciecha son el resultado de un mismo problema: la especulación urbanística, la codicia, la insensibilidad medio ambiental y la falta de transparencia.
Las montañas son mucho más que las rugosidades de la Tierra. Son la suma de su majestuosidad y belleza, del sentimiento que les hemos otorgados los caminantes y los alpinistas, y del poso cultural que han provocado. Por eso nuestros políticos deberían tomar nota de Muir, que nos descubrió que la naturaleza tiene un componente cuasi religioso. Debemos entrar en ella como se entra en un templo: con respeto. Y lo puso de relieve con una frase que hoy tiene más sentido que nunca: “El sol no sólo brilla sobre nosotros, sino dentro de nosotros”
A algunos les puede parecer un sueño ganar esta batalla tan desigual. Pero me gustaría recordaros una frase de Russell: "hay algo de celeste en la belleza de los Pirineos: allí se vuelve uno soñador". Soñemos, pues, amigos. Además, como dijo Nansen, ¿Qué sentido tendrían nuestras vidas sin los sueños?
Algún día Espelunciecha, como en su día lo fue Gredos, será recordado como un símbolo. Un símbolo de la lucha por la conservación de nuestro patrimonio natural, símbolo de la bondad y el altruismo, frente al abuso, la prepotencia y la sin razón.
Así que, compañeros, gracias por seguir manteniéndoos firmes en la lucha por defender estos lugares en los que -como afirmaba de la Antártida el explorador Ernest Shackleton- son lugares donde aún se percibe “el alma desnuda del hombre”.
Y seamos, como él, resistentes y optimistas. Creamos, como él, que “Resistir es Vencer”
Muchas gracias a todos.
Sebastián Alvaro en Espelunciecha. 18 de marzo de 2007

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